Titanes contra el tiempo

El marroquí Btaimi logró en una Mitja desapacible su tercer triunfo. María Vasco, medallista olímpica, venció en mujeres

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En la hostilidad de la lluvia salió a relucir el palmarés. El marroquí Otmane Btaimi (Bikila Tarragona), habituado a las gestas en Tarragona, coleccionó ayer una nueva hazaña: si el año pasado se convirtió en el recordman de la prueba, esta vez dobló la épica venciendo en solitario bajo la lluvia y encadenando su tercer triunfo en la Mitja de Tarragona.

También en féminas pesaron lo suyo los galones. La barcelonesa María Vasco, exmarchadora profesional y medalla olímpica en Sidney 2000, cumplió su rol de favorita para coronarse en la meta del Serrallo y darle, si cabe, aún más lustre a la cita. 13 años después (ya se impuso en 2001, poco después de colgarse en los Juegos aquel bronce histórico), volvió a vencer en Tarragona.

Ganadores, en realidad, hubo 2.600, tantos como los valientes que acabaron la Mitja de Tarragona o bien en su formato reducido, de carrera de 10 kilómetros. Si terminar los 21 kilómetros es de por sí una magna empresa, hacerlo con viento y lluvia y driblando charcos es una tarea de héroes.

 

No era un día para marca

No era día para buscar marca. Bastante había con salir a trotar y retarle a la meteorología, a la inclemencia, a la invernal mañana de perros. «¡Vamos, que si llueve, sólo es agua!», decía el speaker para animar en el calentamiento. Suerte que la lluvia dio una mínima tregua en la salida. Pese al día feo (menos público, pocos ánimos, ambiente desangelado), otra vez hubo éxito de participación. Llueva, nieve o truene, nadie evita que la Mitja, a rebufo del gran auge del running, se supere a sí misma cada año en asistencia.

Torres Jordi lucía a reventar y en esa salida se palparon ya las ilusiones, las batallas íntimas que afrontaba cada uno con sus respectivas liturgias: el café, los saludos, los abrazos, los estiramientos. No tardaron los favoritos en tomar posesiones mientras la lluvia hacía acto de presencia. Otmane Btaimi, con su flamante dorsal 1, se dejó ver desde los primeros metros y se escapó en solitario ya en el kilómetro 3, en la Avinguda Roma. También María Vasco, arropada por un grupeto en el que figuraba su liebre, el atleta tarraconense Juanan Fernández, imprimió pronto un ritmo difícil de seguir.

Todo ello mientras los corredores del 10 kilómetros, con una cadencia más explosiva, se esmeraban también en alcanzar la meta del Serrallo. En el kilómetro 9, de vuelta por Torres Jordi hacia el barrio marinero, Naoufal Erraoiu, de Bikila, marcaba el ritmo y se encaminaba hacia la victoria, que ya no peligró (32:55) pese a que Jaume Domingo, segundo a la postre, le andaba a la zaga (33:16). Sergio Hidalgo fue tercero, con una marca de 34:10. En mujeres, Marta Camps, de Atletes d’Altafulla (39:59) se hacía con la victoria, por delante de Alícia Bergadà (40:08) y de Ana Martínez (41:11).

Coronados los que habían participado en el formato más corto de 10.000 metros, en la rotonda del Serrallo hacia el Moll de Costa comenzaba la auténtica prueba de fuego. Por ahí Otmane Btaimi iba aún a velocidad endiablada y lo hacía como un titán: envuelto en una cortina de agua, ensimismado, casi en soledad, a punto de poner a prueba su resistencia mental afrontando solo el interminable tránsito por el Miracle y luego por la escollera, donde se forjan, a base de sufrimiento y estoicismo, las victorias en esta Mitja. Pero el liderato del marroquí era cada vez más incontestable y firme. Gerard Garrote y Eduard Queralt le seguían a una distancia notoria.

En mujeres, María Vasco enfiló el Miracle como líder. Por detrás, las perseverantes Anahi Herrera y Mireia Sosa, una clásica de las victorias y campeona el año pasado, intentaban mantener el ritmo, aunque en vano. Y la lluvia, percutiendo sin cesar prácticamente durante todo el trazado.

Ni el indómito reto del faro amilanó a Btaimi, que imponía su ley en el Moll de Llevant. Era la dictadura del más fuerte, de aquel hombre que el año pasado asombró a los propios cronometradores de la organización con sus tiempos intermedios. En el kilómetro 18 le sacaba uno al segundo clasificado, una renta ya definitiva, pese a los inconvenientes que amenazaban en cabeza: el viento azotaba de lo lindo en la escollera. En el 19, de vuelta al casco urbano por el muelle, el de Bikila marcaba un crono de 1 h. 3’. Ya sabía entonces que no iba a poder superar la estratosférica marca del año pasado (aquel imposible 1 h. 4’22’’) pero también que la victoria, su tripleta de títulos en Tarragona, no se le escaparía, salvo hecatombe.

No eran momentos para disfrutar, sino para sufrir, resistir y cerrar la victoria con sobriedad. Pese a todo, Otmane llegó sonriente, con un tiempo de 1:10:21, sacándole casi cuatro minutos al segundo, Gerard Garrote (Osteopatia i Salut) y a Eduard Queralt (Bikila Tarragona), que cruzó la meta a 20 segundos. Ambos habían librado una vistosa batalla entre perseguidores por hacerse con el segundo escalón del podio.

María Vasco tampoco hizo concesiones. La atleta del Runnersworld Tarragona marcó un tiempo de 1 h. 24’31’’, sacándole dos minutos a Gemma Colomé, su compañera de club. Anahi Herrera completó el podio (1:27:25).

Después de esos puestos de honor, tanto a ellos como a los demás les tocaba abrigarse y refugiarse entre el calor para digerir el éxito, siempre personal e intransferible. Hubo el color de siempre: llegadas celebradísimas de dos cogidos de la mano, portando niños, llevando mensajes o haciéndos vídeos en plan selfie para retratar los últimos metros de carrera o hitos privados de los que se fueron bastante más allá de las dos horas pero lograron algo tan valioso como completar los 21.097 metros.

Cada cual hizo de la Mitja su cruzada personal con doble ración de heroísmo: la batalla contra el tiempo fue también ayer contra la lluvia, el viento, el agua que incordiaba en la calzada. No eran 300, como en la película; fueron 2.600 titanes contra el tiempo (el clima y el crono) en Tarragona. En el pabellón del Serrallo, entre duchas y entregas de premios, se escuchaban las felicitaciones de unos y otros, las ‘batallitas’ tras el esfuerzo. Aun en una media gris como ésta, la distancia continúa aunando a la perfección las dos pulsiones que mueven el running: la aspiración popular de los que van a acabar y la de aquellos que ambicionan la victoria.

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