Lactatos

Estaba tan preocupado mi paciente relatándome su mala actuación en el pasado Maratón de Nueva York que se le acababan las excusas. Entonces me dijo una gran verdad acerca de esta mítica distancia: “Pero qué ingrata y qué difícil es de dominar. Y qué complicado resulta augurar una marca”.

Le habían estimado un tiempo cercano a las tres horas mediante seguimiento de sus niveles de lactato en sangre y se mostraba francamente decepcionado por haberse alejado una barbaridad de dichas expectativas. “¿Cómo puede equivocarse tanto la ciencia?”, me inquirió solemne. ¡Ay, ciencia! Cuantas atrocidades se cometen en tu nombre, pensé yo. Lo cierto es que tampoco tenía una respuesta contundente que darle como consuelo. Pero me acordé de algo que me había contado mi amigo Rodrigo cuando le preseleccionaron para representar a España en la Copa del Mundo de maratón del 93.

Había sido olímpico en esta prueba en Barcelona ’92 con una excepcional actuación, pero un año más tarde los técnicos se la iban a jugar malamente descartándole a última hora. Uno de los seis elegidos debía quedar fuera porque los equipos nacionales para esa copa mundial constaban de cinco  corredores. Y el descarte (¿cómo no?) se haría en nombre de la ciencia.

Estudiaron los niveles de ácido láctico de los seis atletas tras exigirles unos intervalos de esfuerzo protocolizados y, al final de las jornadas, convinieron que si el pobre Rodrigo tuviera que correr en ese momento una maratón iba a andar en una marca con la que no se iba a ningún lado. Total, fue él el descartado. Fuera del Mundial.

Sin embargo, las fuerzas intangibles del cosmos compensan sobradamente a aquellos que se lo merecen y así fue también en aquella ocasión, para sonrojo de los técnicos federativos.

¿Qué tendrá San Sebastián que no tengan otras maratones? Pues que, aparte de recorrer una de las ciudades más bellas del planeta, tiene un trazado limpio y llano, un público experto fajado en mil “Lasartes y Behobias” y un halo de frescor muy propicio para hacer grandes marcas y grandes gestas en su circuito. La Copa del Mundo de maratón del 93 se celebró allí, dentro de su ya clásica prueba abierta. Correrían todos juntos. Excelente idea, por cierto.

Pues mi amigo, caso omiso a los agoreros, salió a hacer la carrera de maratón para la que tan bien se había preparado inscribiéndose en la prueba popular. Con cierta rabia por no llevar la camiseta roja de la selección española, vistió una sencilla camiseta blanca. Como yendo en son de paz. Resultado final: Que ganó el británico Nerurkar y España estuvo a punto de ser campeona del mundo de maratón por países. Y no lo fue porque mi amigo (recuerda que iba con su camiseta blanca) no puntuó. Porque de haber puntuado, imagínate. Quedó quinto en la clasificación total, batió el record de España de maratón y dejó a casi dos minutos al primer “español de camiseta roja” más cercano. ¿La marca? Búscala online en la tabla de récords, pero te adelanto que se alejó mucho de las previsiones…

 

via Runners.es

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