Hallan muerto en su a casa a Yago Lamela

Yago Lamela, subcampeón mundial de salto de longitud en 1999 y recordman europeo en sala durante diez años, ha sido hallado muerto este jueves en su domicilio a los 36 años. Lamela , el mejor saltador español de la historia, retirado prematuramente del atletismo por las lesiones, había atravesado numerosos periodos de depresión y había estado hospitalizado por problemas psiquiátricos en 2011, dos años después de anunciar su retirada de las pistas.

En los últimos tiempos, Yago Lamela, natural de Avilés, quería regresar al atletismo, del que se alejó totalmente durante varios años, para intentar sacarse el título de entrenador nacional. Fue el último intento de enderezar una vida marcada por la desgracia: lesiones crónicas cuando estaba en lo más alto y constantes cuadros depresivos y aventuras profesionales inacabadas después. Su figura ha sido recordada con cariño por muchos de sus ex compañeros, que dibujaron a un atleta extraordinario, de posibilidades ilimitadas, a un buen tipo -“una persona muy buena, bienintencionada, con un increíble espíritu de superación”, apuntó el ex capitán de la selección Manolo Martínez-, con quien la mala suerte se cebó. Y también a una personalidad compleja, huidiza, proclive a episodios de ansiedad. “Que la gente me pare por la calle me provoca ansiedad”, había declarado Yago en los tiempos en que la fama le perseguía.

La historia de Yago Lamela es la de un talento enorme, “un genio” según el actual seleccionador Ramón Cid, y una “fuerza de la naturaleza”, según Juanjo Azpeitia, el entrenador con el que comenzó a despuntar.

Todo potencia, Lamela explotó deportivamente en 1999, con apenas 22 años, encadenando dos subcampeonatos del mundo, en sala (Maebashi), donde batió un récord de Europa (8,56 metros) que mantuvo diez años, y al aire libre, pocos meses después, en Sevilla. Fue, hasta 2003 y junto a Dwight Phillips, el mayor rival del cubano Iván Pedroso y, pese a las lesiones y ya con Rafa Blanquer de técnico, siguió subiendo regularmente a los podios hasta 2003, cuando en París volvió a proclamarse subcampeón mundial. A partir de ahí, las lesiones en el tendón de Aquiles se convirtieron en crónicas. Lo intentó durante cinco años, hasta que en 2009 tiró la toalla. “No voy a seguir arrastrándome”, justificó.

Ya entonces Yago Lamela se había puesto en manos de especialistas de la Escuela de Medicina del Deporte de la Universidad de Oviedo tras sufrir episodios esporádicos de depresión y estados de ansiedad. Se apartó totalmente del atletismo y y trató de buscar una salida profesional en una de sus pasiones, la aviación. Se inscribió en un curso de piloto de helicópteros, y cuando acumulaba un buen número de horas de vuelo, la escuela quebró.

En 2010 viajó a Estados Unidos para retomar sus estudios de Informática en la Universidad de Iowa, para la que había competido en 1997. Al año siguiente regresó y se instaló en casa de sus padres. Comenzó a ganar peso y los síntomas depresivos llevaron a su familia a ingresarlo en un centro hospitalario. “Me dio un bajón muy grande por la coincidencia en el tiempo de varias cosas negativas. Decaí bastante, tanto que mis padres decidieron llevarme al hospital”, explicó entonces Lamela.

“Estuve con él hace unas semanas y le vi ilusionado con hacer el curso nacional de entrenadores en Madrid, y habíamos quedado en llamarnos ”, declaró Azpeitia a ‘La Nueva España’. “Es una absoluta conmoción”, afirmó el técnico.

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